martes, 31 de enero de 2012

LA LEYENDA DE LA ERMITA DEL BUEN SUCESO, EN QUIJAS

 LA ERMITA DEL BUEN SUCESO EN QUIJAS


Quijas es uno de los pueblos más altos del ayuntamiento de Reocín. Solamente lo vence en su proximidad a las nubes  el barrio de La Venta, o las reminiscencias del pueblo de Reocín, el cual fue sepultado por la actividad minera, y por cuya extracción, sobre todo de zinc,  es conocido en otras tierras. Cercano al pueblo de Quijas desfila el río Saja, el cual se evidencia en el barrio de Agüera, y que luego vuelve a pasar por sus dominios en la zona de Santa Isabel, todo ello bastante más por debajo de  donde se localiza el núcleo de la población principal, lo que se conoce como el Alto de Quijas. La presencia en este lugar de restos humanos es muy antigua y los yacimientos de estas existencias son muy comunes en sus cuevas de Santa Isabel,  de La Lora o de la Clotilde. De tiempos mas tardíos son los hallazgos en el lugar denominado Cuevalínea,  cerca del caserío Vizcorro, en un eucaliptal próximo, en donde aparecieron tumbas de lajas con restos humanos en su interior.

La etimología del pueblo de Quijas tiene dos vertientes como suele ocurrir en todas las palabras toponímicas con cierto abolengo. Una de estas versiones sobre su origen, también como suele ser menester, nos la darán sesudos investigadores e historiadores, diseccionando el vocablo. Otro, con bastante menos fundamento pero, de forma proporcional, mucho más novelesco y gracioso, nos lo darán las gentes del lugar, deseosas de indagar por su cuenta en sus cosas del pasado. Una y otra expondremos. La primera de ellas se refiere a Quixas como una corrupción de la palabra regional montañesa que aludía a “escajos”, vegetal que al parecer abundaba en la zona. La segunda de las interpretaciones nos habla del espíritu quejoso y  de protesta que los habitantes del pueblo poseían. Por lo visto, todo les parecía mal y por todo se molestaban, por lo que al principios del medioevo, cierto amo que tenía por señorío el lugar, concluyó que el pueblo bien pudiera llamarse “Quexas” (quejas), por las reclamaciones que constantemente recibía de sus villanos. Sea como fuere, con ese nombre se quedó.


* Torre medieval de los Bustamante, sita en el barrio de Vinueva, muy cerca de la ermita del Buen Suceso. 


Posiblemente, en tiempos antiguos los barrios importantes eran Quijas y Miravalles. Hoy los barriadas substanciales, prescindiendo del núcleo fundamental de casas que se encuentran alrededor del mismo Alto de Quijas como ya hemos mencionado, se pueden localizar con los nombres de Vinueva, El Burco,  la ya aludida Agüera o el bello paraje de Santa Isabel, con su torre medieval de carácter defensivo de los Bustamante, del siglo XIV, enmarcado dentro de la casa de los del mismo linaje y marqueses de Villatorre, capilla de San Bartolomé del siglo XVIII y molino de gran tradición a la vera del Saja. Otros monumentos de relevancia en el pueblo, adscritos al mismo linaje de los Bustamante, son la torre medieval de Vinueva, de comienzos del siglo XV, la casa solariega de los González, del siglo XVI,  la de los Gómez Bustamante, situada en el mismo Alto de Quijas, con capilla de San Roque incluida en la construcción, junto a la carretera nacional, al lado de la de los Díaz Gómez.

Su iglesia parroquial está bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y data del siglo XVII, destacando en ella su imponente torre campanario de planta cuadrada y, ya en su interior, su hermosísimo retablo mayor, barroco, de principios del siglo XVIII. Pero no es esta la que nos va a ocupar en nuestra historia, sino la pequeña ermita de la Consolación o del Buen Suceso, sita en el barrio de Vinueva, junto a la torre de los Bustamante antes descrita.

Al lado de la carretera general, a la vera de una pronunciada curva, nos toparemos con esta célebre construcción. Se trata de un pequeño templo, con portalada en piedra de sillería,  y sobre esta,  campanario  en arco de medio punto, otro igual pero más pequeño dentro de frontón triangular que remata en su cúspide por cruz de piedra. Su planta presenta ábside cuadrado con contrafuertes en los ángulos y cubierta a cuatro aguas. El presbiterio va con bóveda de combados.


* Ermita del “Buen Suceso”, escenario de la curiosa historia que nos ocupa.


El singular apodo del “Buen Suceso” fue debido a un hecho que maravilló al pueblo entero de Quijas y su comarca, allá por el año 1808.  El protagonista de tal historia fue un tal Dimas, personaje con aureola por todos conocida de ladrón. Y por esta ocupación suya, la de manilargo, planeó asaltar la casa de unos señores del lugar. Tal mansión era la de don Juan Díaz de Aguayo, indiano en Perú y Panamá, donde se había forjado una no despreciable fortuna. Ya vuelto a su tierruca, viviendo de rentas, gustaba mucho de salir de cacería, por lo que dejaba en muchas ocasiones a su mujer, doña Rosa Meninde, de dueña del hogar, sola en la casona solariega de Quijas.

En una de estas ocasiones de ausencia del señor de la casa, habiendo marchado al monte Mozagro a cazar el oso,  el amigo de lo ajeno Dimas supo de tal circunstancia.  De esta manera, con la ayuda de la penumbra nocturna, se dirigió sigiloso hacia la casa de los Díaz. Llegado allí, junto al umbral de la vivienda, introdujo la mano por un agujero que con función de gatera en tal portón figuraba. Pero doña Rosa Meninde, habiendo escuchado ruidos extraños que la habían puesto  en guardia, habíase levantado de su lecho, agarrado un hacha y dirigiéndose a la entrada de su casa, aguardaba al ladrón. Cuando vio una mano alargándose en busca del cerrojo interior, la valiente doña Rosa no dudo en asestar un enérgico golpe de hachuela contra el mencionado miembro. De esta manera le cortó la mano al desdichado Dimas.


El aullido de dolor del robador se escucho por todo el pueblo. Doña Rosa, al ver la atrocidad que había cometido con el pobre Dimas, se disgustó mucho. Tal fue así que ella misma se ofreció a curarle, pero este, loco por el dolor, solamente acertó a salir huyendo campiña abajo, hasta llegar al lugar de la ermita de la Consolación de Vinueva, en la cual se albergó.

Una vez dentro, lamentándose, muerto por el dolor que le producía su reciente amputación traumática, se postró frente a la Virgen llorando amargamente y demostrando gran arrepentimiento ante la imagen que allí se veneraba. De pronto, sigue contando la leyenda, Dimas fue testigo de un milagro. Justamente en ese momento y sin duda por el sufrimiento y el sentimiento de pesar del maleante, la Virgen había llorado

Momentos después y habiéndose enterado todo el pueblo, el revuelo era mayúsculo. Al parecer, las evidencias eran claras y en las mejillas de la Virgen se podían apreciar humedades, semejantes a lágrimas. Días más tarde, enterándose el Obispado del singular hecho por mediación del párroco del lugar,  mandó formar un comisionado para indagar a las personas relacionadas con la historia y escuchar sus versiones. La dicha comisión informó al señor obispo sobre la verosimilitud del milagro y  de su carácter sobrenatural.

El arrepentido ladrón, después de lo que le sucedió, prometió ante todos limpiar sus pecados. Cuentan que a raíz de aquel extraño acontecimiento llevó una vida ejemplar, casi de santo. La misma señora doña Rosa Meninde, la que iba a ser la última víctima de las maldades de Dimas,  viendo el buen corazón que demostraba ahora el antes ladrón y aún un tanto conmovida por su acción de cortarle el brazo, le dio trabajo como pastor de sus rebaños, por lo que ya nunca pasó necesidad ni tuvo que robar al prójimo para subsistir, cuidando siempre la señora de su criado con gran aprecio.

Por esta razón, la ermita de la Consolación del barrio de Vinueva, es conocida con el sobrenombre de “El Buen Suceso”…  ¿Leyenda o realidad?

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