jueves, 12 de enero de 2012

AVISTAMIENTOS OVNI EN LA COMARCA DEL SAJA

AVISTAMIENTOS OVNI EN LA COMARCA DE SAJA


En este caso, nos referiremos a unos fenómenos luminosos y la presencia de objetos no identificados en los cielos del ayuntamiento de Los Tojos, siendo varios los testigos que lo presenciaron.

Gabriel Iglesias, tenía treinta y dos años el dos de diciembre de 1.979, casado y con dos hijas, y estaba empleado en una empresa de calderería pesada de la región. Aquel día, domingo para ser más exactos, bajaba por la carretera de Correpoco a Fresneda, en su Citroen, a las ocho y media de la tarde, ya anochecida. Nada mas doblar la curva situada en el primer kilómetro, divisa una especie de estrella en el cielo, que parecía descender, aumentando progresivamente su brillo. Por un momento, estuvo a punto de sufrir un accidente al perder la dirección del coche, por seguir la trayectoria de la supuesta estrella, así que una vez recuperado del susto, decidió parar y seguir tranquilamente las evoluciones de tan extraña luminosidad que tenía frente a sí.



En poco tiempo, la luz se fue agrandando, convirtiéndose en un potente foco de luminosidad amarilla, a medida que iba descendiendo en la fría noche, sobre la montaña en la que se encontraba el señor Iglesias. En un momento dado, tuvo la sensación de que este foco, cambiaba de dirección y apuntaba ahora hacia la izquierda, y encontrándose situada ya aproximadamente en la divisoria que marca la carretera que lleva de Fresneda hacia Reinosa. Al girar la luz, el testigo pudo observar una larga hilera de luces potentes de un color vivo morado, distribuidas regularmente tras el foco blanco amarillento, en una disposición semejante a la de los camiones traileres. El espectáculo era precioso, a la vez que intimidatorio, porque el testigo ignoraba (como ignora hoy) a lo que se estaba enfrentando. El extraño objeto se encontraría a unos 400 metros de distancia.
Gabriel Iglesias indicaba, ya mas tranquilo, que las luces moradas serían 20 o más y se extendían en espacio aproximadamente de 40 metros de largo. Este conjunto de luces, formado por el potente foco de luz amarillenta y la fila de luces violetas, se fue desplazando monte arriba y hacia la izquierda, siguiendo la carretera de Reinosa, pero, bajo el punto de vista del testigo, por encima de los árboles, sin tocar el suelo.

Calcula que la velocidad sería de unos 90 o 100 kilómetros por hora, por lo que le hizo descartar, a pesar de que de entrada era descabellado suponer que se desplazara por el aire, que se tratara de algún camión de forma extraña, ya que la carretera por esta zona, aun siendo recta, sale de unas curvas y sus trazado es bastante peligroso, sobre todo en los años en  que sucedieron los hechos.

Iba iluminando intensamente el monte por delante de el, dejando una iluminación violácea por su estela o parte trasera. Su altura no pudo ser estimada, ya que las luces se mostraban tan potentes que en ocasiones deslumbraban. No emitía ningún tipo de sonido, y se podía escuchar perfectamente el ruido cantarín del río Saja, que discurre a la izquierda del observador, y el río Argoza, que por allí se unen,  cosa que le lleno aún mas de temor si cabe.

Cuando aquel objeto llegó a la zona determinada por el Pico del Castrón, giró en su sentido y se ocultó tras el. Todo esto fue observado por el testigo, desde la ventanilla de su coche, una vez detenido, en orientación hacia el sur.

Gabriel Iglesias, recuerda haber oído algún comentario acerca del suceso, de otras personas que yendo en coche habían observado el mismo fenómeno, pero que desconoce sus identidades. Tras el Pico del Castrón, se encuentra el pueblo del Tojo, pero nadie allí observó el referido objeto en aquella fría noche de diciembre…o al menos nadie lo contó.

Como nota curiosa, cabe destacar que vecinos de Correpoco habían sido testigos aquella misma semana de fenómenos parecidos a los observados por el señor Iglesias. Estos fenómenos iban a desarrollarse a lo largo de los siguientes dos años.

De esta manera, Emilio San Juan Ruiz, de 36 años de edad, contó como aquella misma noche del 2 de diciembre de 1.979, a las 9 de la noche,  cuando se dirigía en su motocicleta hacia Los Tojos, vio iluminada ante sí la carretera de pronto. Se detuvo, paró la moto y pudo contemplar como a un kilómetro aproximadamente de distancia una luz redonda por su parte delantera, alargada y terminada en punta,  se desplazaba hacia abajo y hacia la derecha, por debajo del monte que se encontraba tras él. San Juan, estimó su tamaño en unos 40 o 50 metros, luminoso todo el por igual, con una luz como la de una bombilla y con un tamaño superior ligeramente a la luna llena. Se desplazaba a unos 200 metros por encima del terreno y lo perdió de vista, cuando se ocultó detrás de un arbolado situado a sus espaldas. El señor San Juan, reemprendió la marcha un tanto atemorizado por lo que acababa de ver. La noche estaba despejada, y recuerda haber visto la luna, por lo que no pudo confundir una cosa con otra.

Otro testigo de los extraños fenómenos luminosos que se produjeron por la zona en aquella época, fue Carmen Ruiz González, esposa del dueño de la cantina del pueblo de Correpoco. De allí había salido precisamente un testigo citado con anterioridad, Emilio San Juan, el día dos de diciembre, sobre las nueve menos cuarto, ocurriéndole después lo que hemos reportado.


Obsérvese que las horas concuerdan con las citadas por Emilio. Pues bien, doña Carmen, pudo observar desde su ventana de la casa que habitaba, una extraña luminosidad muy potente, que ella a su vez, identificó como las luces de un coche, que supuestamente se habría detenido en la curva de la carretera que baja hacia Los Tojos y Barcena Mayor. Carmen, se olvido de este acontecimiento, hasta que al día siguiente, el señor Emilio San Juan le comentó su experiencia de la noche anterior, una vez hubo abandonado el comercio que la mujer regentaba, con lo cual establecieron una relación entre ambos fenómenos. Además de esto, nos consta que existieron varios testigos más, desde diversos lugares o puntos de observación, si bien nunca se han atrevido a exponerlo de una manera abierta.

Una vez habiendo recogido estos datos preliminares, nos dirigimos hacia el lugar del avistamiento para intentar conseguir testimonios de primera mano, a mediados de septiembre del 2.004.

 Indicados por varios paisanos de la zona, nos dirigimos al pueblo de Los Tojos, para localizar al señor Emilio Sanjuán Ruiz, el cual dispone de un taller de artesanías en la entrada del dicho pueblo. Nos recibió amablemente, siendo una de esas personas (por desgracia, cada vez mas escasas) que a los pocos minutos de entablar conversación con ella, parece que sea un amigo de toda la vida, por su carácter atento y complaciente. Nuestro amigo nos confesó, para nuestra sorpresa, que durante aquel periodo de tiempo, del año 79 al 81 aproximadamente, las inmediaciones del pueblo, sobre todo la zona de la subida, desde el cruce de la carretera que se dirige a Barcena Mayor, fueron el escenario de encuentros con luces, objetos y resplandores inexplicables. Estos hechos fueron observados por la mayoría de las gentes del pueblo y algún que otro forastero, pero muchos no se atrevieron a contarlo por miedo a que los tomaran por locos o se burlaran. A él esto le daba igual, y narraba abiertamente a quien le preguntara que es lo que ocurría en la zona, de manera sincera y honesta, aunque al principio también tuvo sus reparos.



De esta manera, conectamos la grabadora y don Emilio comenzó a relatar los hechos:



“…aquellas cosas tan raras las vi varias veces…la primera vez que lo vi, venía de Correpoco, de las vacas, donde tengo una cuadra, y venía de arreglarlas…vi una luz grande, muy grande y otra mas pequeña, de color verde, que giraba alrededor de la primera…yo pienso que en el aire no estaba…estaba posada en un prado que se encuentra casi a la entrada del pueblo, a la izquierda según se sube…cuando yo la vi, venía subiendo con mi moto, una Guzzi de aquellos años…entonces me entró mucho miedo y la moto se comenzó a “trancar”, esto es, no entraba ninguna marcha, a pesar de que seguía funcionando al “ralentí”…parecía que el ruido se paraba también…fue una cosa rarísima mientras veía aquella luz…entonces me volví presa del miedo, decidí dar la vuelta y volverme a Correpoco, a la cuadra…al llegar abajo, la moto ya engranó una marcha…entré en Correpoco y me fui a la taberna, donde había mas gente…me vieron tan asustado que me dijeron “¿Qué pasó Mílio?” al verme en ese estado claro…volvimos al lugar varios de los que estaban en el bar y yo, pero ya no vimos nada…y lo que más me extrañó es que desde que me di la vuelta porque la moto se paró, hasta el cruce con la carretera que va a Barcena, cuando bajé yo no me enteré de nada…como si hubiera sido un sueño…y claro está que yo en moto bajé, pero fue un tiempo que yo no se lo que pasó…al llegar al cruce me recompuse y pude llegar a Correpoco, como antes conté..esto pasó poco tiempo antes, unas semanas como mucho, de lo que después también vio Gabriel Iglesias y Carmen, la dueña de la taberna…y mucha gente más, lo que pasa es que no lo quieren contar…”



De este primer incidente, podemos sacar varios detalles bajo el punto de vista ufológico, y a tenor de lo reportado por miles y miles de testimonios recogidos por todo el mundo. La sincera y campechana exposición de los hechos del señor Emilio, nos indica en un primer momento, la imposibilidad de poder avanzar con su moto: nos dice que su moto se “atranca”, como si alguna misteriosa fuerza le impidiera avanzar. Este hecho, del trastorno de maquinarias o aparatos, parando su marcha o impidiendo trabajar a los motores,  es bastante común dentro de la casuística ovni. Muchos investigadores opinan que es un método de seguridad de estas desconocidas presencias, para evitar que los testigos se acerquen demasiado. En otras ocasiones más radicales, se han reportado casos de “agresiones” de estos no identificados a testigos, que por curiosidad, se han acercado demasiado y han sido ahuyentados por medio de fuertes fogonazos que en alguna ocasión han producido hasta quemaduras, incluso la muerte debida a un tipo desconocido de radiación, como  ocurrió  en varios avistamientos ovni, en Brasil, donde algunos testigos morían a las  pocas horas totalmente abrasados.


En otro fragmento nos habla de que en su camino de regreso, cuando muerto de miedo decide regresar carretera abajo, tuvo la sensación de estar en un sueño, de no haber notado este tiempo de vuelta. Como en la característica anterior, nos debemos de referir a nexos comunes con otros casos UFO. En este preciso dato, nos encontramos a la paralización espacio-tiempo, en el que muchos testigos hablan de que perdieron la noción de la distancia o del tiempo transcurrido, a pesar de que eran conscientes de lo que estaba ocurriendo.


Pero sin duda, de todo lo que estaba ocurriendo por aquellos años en la comarca, lo que mas trascendió fue el encuentro descrito al principio, el cual tuvo como protagonista a Gabriel Iglesias, la señora Carmen Ruiz y nuestro amigo Emilio Sanjuán. Esto es lo que nos dice este último con respecto a esa inolvidable jornada:


“…el caso de lo de Gabriel y yo fue curioso…habíamos “echao” la partida en la taberna de Carmen en Correpoco, y él marchó dirección Fresneda y yo para mi casa, para Los Tojos…Carmen, al marchar nosotros, se quedó esperando a su hijo, a ver si le veía, ya que había subido a Los Tojos y le podía divisar perfectamente por las luces del coche cuando bajara…en aquella época no había el número de coches que hay ahora, por lo que podía diferenciar con seguridad el coche de su hijo…por esa razón, Carmen estaba mirando al lugar por donde yo tenía que subir…como le decía, yo me vine para acá y antes de subir,  por la recta, me extrañé de la luz que llevaba en la moto…¡¡vaya luz tan intensa!! Pensé entonces…esta luz no es normal…y al alzar la vista vi una luz enorme, mas grande que la luna llena…un cerco muy grande con muchas luces en su parte de atrás…y es que terminaba como en cola…pero al llegar a una curva muy cerrada lo perdí de vista…al llegar a casa y contárselo a la mujer me dijo “no lo cuentes por ahí que se ríen de ti”, y por eso decidí callármelo…pero al cabo de unos días, cuando volví al bar, escuché la conversación…que si Gabi había visto algo volando, que si era como un autobús con muchas luces…que si Carmen, la dueña de la taberna había visto también unas luces y un resplandor aquella misma noche…entonces fue cuando me decidí a contarlo y decirles que también lo había visto yo…serian sobre las 9 o las 9 y cuarto de la noche…por lo que la hora y la zona coincidían…y Carmen hablaba de una luz muy fuerte como posada arriba en el monte y un gran resplandor…yo vi aquello como un gran aparato que pasó por encima de mi, despacio, sin hacer ruido, justo por encima del río…para que te hagas una idea, las lomas de las montañas estaban por encima de él, para que compares la altura tan baja por la que se movía…volaba muy bajo, y el tamaño era grandísimo, muy largo…venía de la zona de Barcena Mayor, sobre el río, y tomaba dirección entre Colsa y El Tojo…esa fue la misma noche que lo vio Gabriel…él lo vio subir hacia arriba, hacia Palombera…pienso que cuando lo vi  yo, ya había girado y volvía de nuevo a bajar, siguiendo el cauce del río, hacia El Tojo…”




Se puede observar, que tanto la descripción del objeto, como la hora del avistamiento y el paraje donde se efectuó concuerdan en los tres testimonios. Dadas las horas y la orientación del mencionado objeto, cabe pensar que este tomaba dirección sur cuando fue divisado por Gabriel Iglesias, girando por la zona situada entre el pueblo de El Tojo, Saja y Colsa, y volviendo a bajar prácticamente siguiendo el curso del río Argoza, esta vez en dirección norte-noroeste.



 
Pero no iban a acabar ahí las apariciones de extrañas luces y presencias en aquella apartada zona del corazón de Cantabria. El mismo Emilio, nos comenta que muchos vecinos de Los Tojos, hablaban en la intimidad del pueblo, del avistamiento de este tipo de fenomenología, que si bien llegaron a ser incluso familiares para estas personas, se veían reticentes a la hora de comentarlo en círculos mas abiertos. Don Emilio fue una excepción y nunca le importó lo que se pudiera pensar de él, apoyado en la noble razón de seguir sus principios y de no faltar a la verdad. Por estas razones, continúa exponiendo sus experiencias en días sucesivos:

“…unos días mas tarde vi un resplandor muy grande…como una iluminación muy grande, en un prado que yo tengo aquí, debajo del pueblo…pero que yo no veía de donde venía esa luz…era de noche y aquel prado o una zona de él estaba iluminado, como si fuera de día, pero yo no veía quien le alumbraba…esto lo vio una mujer del pueblo que venía del ganado, de las fincas y serian sobre las nueve de la noche…esta señora llegó a casa muy nerviosa, gritando..-¡¡ay, ay, que ahí en Trescasas, en el prao vi de día un trozo…muy claro, muy claro!!-…y era una noche oscura como la boca de un lobo…y yo también lo vi y lo conté…entonces yo venía con el tractor,

el Agria, y al tomar la curva veo el prao que se halla situado en el exterior de esa vuelta…vi un trozo que era claro como si fuera de día…pero yo no vi de donde venía esa luz…además, el tractor se quiso como parar al acercarme a esa zona…”



Cabe destacar que en una conversación mas íntima, don Emilio me confiesa que en la actualidad, por la televisión y otros medios, se puede uno enterar de casos extraños que ocurren por todo el mundo de esta índole, pero por aquellos días, él no tenía ni idea de lo que era un objeto no identificado, de experiencias paranormales o de sucesos de este tipo. Tras esto me vuelve a realizar un comentario, que algunos investigadores a nivel internacional ya venían reportando y relacionando años antes: la relación de objetos no identificados, con la mutilación de ganado o la desaparición de reses. Estas mutilaciones, en muchas ocasiones se producen de forma “exquisita”, con la perfección de cirujano. En bastantes ocasiones más, el ganado aparece totalmente desangrado, o, mejor dicho, sin una gota de sangre ni en su interior ni en el exterior, habiendo sido “succionada” esta, supuestamente a través de unos pequeños orificios (uno o dos) practicados al ganado de forma totalmente limpia, sin ningún signo de violencia. Estas matanzas vienen siendo relacionadas con la figura de un escurridizo ser bautizado como “chupacabras”, muy conocido en Iberoamerica. En España, la mayoría de estos casos ocurrieron en Galicia, País Vasco, Navarra, Aragón y Canarias (ver El Caso de Lamadrid, donde se recogen sucesos ocurridos en esas regiones). En muchas de ellas, como antes dijimos, la desaparición del ganado se presentaba de manera total y fulminante, descartando las posibles explicaciones lógicas de ataques de lobos y otras bestias salvajes del monte. Muchas veces, como antes nos referíamos, se han observado presencias de no identificados y de luces misteriosas en las fechas de estos sucesos y en las zonas donde se producían, por lo que muchos investigadores no dudan en relacionar los dos incidentes, razonando que los supuestos ocupantes de estos enigmáticos objetos, realizan pruebas en el ganado, sacándoles la sangre, órganos o directamente, como vemos, “raptando” al animal.


Sirva esto para introducirnos en el próximo relato que Emilio Sanjuán nos iba a desvelar, el cual ignoraba totalmente todo lo expuesto  sobre casos similares en otras zonas del país:
“…y es que por aquel tiempo estaban pasando cosas muy raras por aquí…mucha gente vio, pero pocos se atreven a contarlo por miedo a que se burlaran de ellos…por aquellos días, tenía yo vacas y estaba una de parto, aquí, en una finca vallada con alambres…y parió la vaca y fuimos allá y no vimos ni leche, ni parias, ni cría ni nada…porque si pare o aborta una vaca tiene que aparecer algo…pues no…porque si pare en el monte abierto, no se sabe lo que puede pasar…pero en un prado cercado y bien delimitado…esto sería como por la primavera del 80…y al hilo del ganado, le puedo decir que por aquellas fechas cambiamos las vacas de puerto, en junio…pues bien al pasar con las vacas por el lugar que llamamos La Cueva, al comienzo de la subida para el pueblo, donde hoy existe un restaurante, las vacas se volvían como trastornadas, dando vueltas en si mismas, por algo que las espantaba que estaba mas arriba y que no pudimos ver que era…no pudimos ver lo que era, pero nos extraño muchísimo la actitud del ganado…sabemos cuando se espantan por una culebra o por un perro, pero esos no era normal y no se debía a cosa natural…y se refugiaban en aquella cueva, hoy desparecida, como si algo las atemorizara…y eso que cuando se las “muda” de puerto van contentas, alegres, con ganas de cambiar de pastizal…pues durante un tiempo no hubo quien las hiciera seguir el camino…yo he sido ganadero toda mi vida y se lo que me digo…fue una cosa rarísima, y como estaban pasando por aquellos días lo de las luces lo relacionaron con ello, yo no se porqué…”


Observese la coincidencia con otros casos de estas características, como por ejemplo en la provincia de Albacete, en la comarca del Pardal, donde varios y bastantes atemorizados testigos, veían durante muchos años, una extraña luminaria, que los perseguía, auyentando el ganado o “adormeciendole”. Como le ocurrió al pastor Cristino Cuerda Felipe, el cual tuvo varios encontronazos con esta luminaría. La sensación de paralización del ganado, o incluso de perros pastores ante las raras luces, es un hecho que se repite en muchas zonas del mundo con esta fenomenología.

Como antes decíamos, varias personas mas observaron extrañas luces en las inmediaciones del pueblo. Gentes en su mayoría, con los pies en la tierra, poco proclives a tener mentes calenturientas y fantasiosas. Su propia esposa, aun recelosa de haber asistido a uno de estos misteriosos encuentros, no se atreve a hablar sobre el particular hoy en día de forma abierta. Esto es lo que nos explica el señor Sanjuán acerca de aquella inolvidable jornada que vivió al lado de su esposa:


“…llegado ya el verano, muchas veces discutía con la mujer cuando le hablaba de esas cosas raras que yo había visto…ella me decía que me iba a volver loco…pero como digo, llegando ya el verano, subíamos mi mujer y yo hacia casa, a  Los Tojos, en el tractoruco, en el Agria…cuando estábamos en la recta de Correpoco, para coger el cruce hacia nuestro pueblo, vi la luz extraña que mucha gente había visto por aquellos días en un prado concreto aquí arriba…mi mujer, que iba en el remolque apoyada la dije –mira donde esta la luz…pues yo no subo- la dije…y es que yo ya tenía miedo…la luz era como un rombo luminoso y grande…al final nos decidimos a subir, aunque yo me seguía negando…subimos y al llegar a un prado, el llamado prado de Carpio, donde hoy en día aun me da reparo pasar, mi mujer dijo -¡¡ ay, ay!! ¿Qué hay allá abajo?- yo solo vi un resplandor muy grande, pero ella dice que vio como una forma cuadrada, con muchas luces…se asustó paré y se subió conmigo en la cabina hasta el pueblo, muerta de miedo…al llegar al pueblo, otras personas, de Corrales de Buelna,  que allí se encontraban y que acababan de subir, estaban diciendo que en el prado del Carpio estaba ardiendo, y que había mucha luz, como si estuviera en llamas…y mi mujer les dijo -¡ ay Dios mío no arde no…allí hay una cosa con muchísimas luces ¡-…desde entonces ella también cogió miedo y ya no me decía que estaba loco…”

La esposa de Sanjuán le dijo a su marido que lo que había visto en el prado era como “…una forma cuadrada con muchas luces…”. Otros testigos que no quisieron comentarlo a nivel público habalaban de que era como un gran armario. Pues bien, el 18 de diciembre de 1.972, Juan Gonzalez, pastor del pueblo de El Castañuelo, se encontró en una de las veredas que utilizaba para llevar el ganado al monte, con un extraño artefacto, envuelto en polvareda, de forma cuadrada, de bastante altura, resplandeciente, del color del aluminio y con cuatro especie de patas pequeñas. Para entonces, el ganado se había quedado como petrificado, incluso el perro de caza que llevaba como fiel compañero mostraba la misma reacción, tendido en el camino. El mismo sintió como los músculos se le encogian, impidiendo realizar el mas mínimo movimiento. Al cabo de unos minutos, el objeto se elevó a los cielos, convirtiendose en una luminaria muy potente, que dejó un haz de luz al desaparecer.



Y nos referimos a lo que le pasó al pastor de Huelva, porque las similitudes continuan. Observese lo que continuó ocurriendo a la pareja de Los Tojos, con su perro, cuando venían de los quehaceres diarios.

Don Emilio, junto a su esposa, esta ya mas crédula después de su primera visión del extraño artefacto, iban a ser los protagonistas de otro suceso no menos inquietante. Ocurrió, como no, en la nombrada subida al pueblo, justo cuando se toma la última curva hacia la izquierda, a 500 metros escasos de la entrada del pueblo.

Iban acompañados de su fiel perro (como antes habiamos comentado en cuanto a la reacción de los animales, he aquí un ejemplo de similitud), cuya reacción fue lo primero que extraño a nuestros asustados testigos, repito, poco proclives a fantasías e historias imaginarias. Esto es lo que cuenta el señor Sanjuán:

“..aquello pasó otra noche,  unos días mas tarde de lo que vio por vez primera mi mujer en el prado del Carpio…volvíamos a subir con el tractor y un perro…subíamos y en una de las últimas curvas que se encuentra uno, mirando hacia El Tojo, vimos enfrente de la montaña, una luz muy grande de color naranja, posada en dicho monte…el perro que era mío, era un perro lobo e iba atrás en el remolque…mi mujer se encontraba sentada al lado mío, en la cabina…entonces vimos la luz y ni ella ni yo pudimos articular palabra alguna…nos quedamos clavados…solamente al tomar la curva y dejar aquello a nuestras espaldas pudimos reaccionar…de repente, el perro saltó del remolque y se quedó tirado en mitad de la carretera como muerto…entonces, de manera coincidente y al mismo tiempo, lo primero que dijimos mi mujer y yo es -¡¡ ay, ay, ya esta aquí otra vez!!!- y yo no se muy bien porqué dijimos eso…nos salió de dentro…no dijimos mas palabra…el perro se levantó al poco tiempo y nos alcanzó, ya que el paso del tractor era lento…cuando llegamos a casa, veníamos muertos de miedo…como será que no nos atrevimos a salir ni a cerrar las gallinas en el gallinero ahí enfrente de casa, del  miedo que traíamos…y todo esto, como te digo, lo vio mas gente, pero pocos lo hemos contado, porque la mayoría tienen miedo de que se burlen de ellos, te lo confiesan solo entre la intimidad de los vecinos…escasamente hace dos años se pudo ver la misma luz hacia Correpoco, al lado del río, al amanecer…”

Volvemos a encontrarnos en este relato, con las típicas reacciones extrañas que en innumerables avistamientos de este tipo ocurren a aparatos, maquinarias y animales, como acabamos de conocer en el caso que nos ocupa. De esto podemos sacar varias conclusiones, como son el curioso “olfato” que tienen los animales para detectar que “eso” no es normal, lo que nos comprueba que lo avistado no es ni una imaginación, ni una circunstancia a la que estén acostumbrados. Pero es que el perro, un perro lobo como describe Emilio, no solo se baja del tractor en marcha, cosa que según su dueño, jamás hacia, sino que lo hace para plantarse en mitad de la carretera y que darse tumbado como muerto. No faltan investigadores que afirman que esas reacciones típicas, como decimos, en otros casos de apariciones de luminarias misteriosas y no identificados, de animales, vienen dadas por una supuesta “prevención” de los supuestos tripulantes para evitar enfrentamientos, “adormilando” de alguna manera a un posible atacante, como en esta ocasión pudiera ser el poderosos canino.

Otro aspecto que llama la atención, es la reacción de la pareja de testigos, cuando refieren que se quedaron sin habla, petrificados, hasta que dieron la espalda a la aparición. Nos podemos remitir a la explicación que se dio sobre el perro, aunque también cabe la posibilidad de que el miedo les había atenazado hasta momentos mas tarde, cuando pudieron reaccionar exclamado “¡¡ ya esta ahí otra vez!!”. Y es que las dichosas luces se estaban haciendo incluso familiares durante aquella época en aquel lugar concreto. Como anteriormente citamos, podemos remitirnos a las decenas de casos ocurridos en Albacete, Huelva, Argentina y otros tanto sucedidos con estas características por todo el mundo.

Y he querido dejar para el final de la declaración del testigo citado, don Emilio, para exponer la experiencia que a mi me parece mas alucinante de todas ellas. Por varias razones, ya que llegados a este punto que vamos a referir, ya no hablamos de extraños objetos, ni siquiera de extrañas luces o resplandores, sino que se hace referencia a unas supuestas presencias, a las cuales el señor Sanjuán escuchó comunicarse entre sí. Este es su asombroso relato:

“…antes del primer encuentro en el prado denominado El Carpio, con la consiguiente sorpresa de mi mujer, venía otra noche en moto, en la Guzzi mía, cuando de repente se me para como aquella otra vez…pero esta vez se paró el motor completamente, se caló, cosa extrañísima, ya que la cuesta donde ocurrió esto no es muy pronunciada y la moto no tenía ningún problema de ningún tipo…yo no he pasado mas miedo en mi vida…con todo lo que estaba pasando y encima se me para la moto en plena noche y en aquel lugar justo…no me da miedo cualquier cosa, estoy acostumbrado a estar por los montes de noche, pero aquello que estaba pasando en aquellos días no era normal, como lo que me estaba ocurriendo al parárseme la moto…yo, la verdad, no vi nada, todo estaba en silencio…pero de repente comienzo a escuchar una especie de conversación, al acercarme a la cuneta, para ver lo que le pasaba a la moto, justo al borde del tan traído y llevado prado del Carpio…yo oía un “hablaje” que aunque yo no se idiomas, yo no oía pronunciar letras…ni la e ni la u ni nada…era una cosa de hablar pero sin pronunciar…no era ningún bicho porque los conozco perfectamente y se sus sonidos en todas circunstancias…era en realidad un hablar, como una conversación de varias voces…no te lo puedo explicar…eran voces claras y finas…y yo creo haber escuchado como cuatro tipos de voces distintas…yo no podía ver nada porque era de noche ciego…yo solo sentí que se me paró la moto, quedé a oscuras y comienzo a escuchar eso…después de un tiempo aterrorizado, me puse a intentar a arrancar la moto como loco, hasta que después de unos cuantos intentos, arrancó…era justo el prado que días después vería esa especie de cuadro con muchas luces mi mujer y mas gente…esa pradera se llama El Abejón o el Prado de Carpio, ya que el dueño se llamaba así…al arrancar, me monte encima deprisa y no paré hasta casa…”


Hagamos un inciso breve: veamos aquí lo ocurrido en otro interesante caso que tuvo lugar el 25 de julio de 1982, con un testigo de excepción: Rafael Peralta. Cuando el conocido rejoneador se dirigía a Punta Umbría (Huelva) hacia las cuatro de la madrugada, observó junto a la carretera, a escasos metros de la playa de El Cruce, una enorme “nave” cuadrangular, muy luminosa, posada en tierra (vease la descripción de la esposa de don Emilio, al comparar el extraño objeto con un “armario”; a su lado había un extraño ser con apariencia de robot. Al instante, el humanoide, tras producir unos extraños sonidos guturales (¿semejantes a lo que escuchó el señor Emilio?), se introdujo en el OVNI, tras lo cual, el aparato se elevó desapareciendo en dirección al mar.

Otro testigo de la zona montañesa, aparentemente, de un caso diferente, pero que me parece curioso citar por tratarse del mismo lugar, fue Emilio García Fernández, un joven de 17 años de profesión agricultor, muy conocido en la comarca y desgraciadamente fallecido en accidente de tráfico años mas tarde.

 El testigo comentó que el martes o miércoles, no recordaba con exactitud el día, anterior a la fecha en la que se produjo el avistamiento del enorme aparato alargado, por parte del señor Sanjuán, el señor Iglesias y la dueña de la taberna de Correpoco, la señora Carmen, bajaba de la Perroiz de cuidar el ganado, cuando ya había anochecido. Entonces, vio aparecer un gigantesco círculo luminoso sobre el cueto del Perroiz. Dice, que era mayor que la luna llena y de un color un tanto blanquecino, con sus contornos totalmente definidos y circulares.


Por suerte, Emilio llevaba unos prismáticos para buscar el ganado, y con este artilugio pudo comprobar que aquella extraña luz no tenía ninguna mancha. Era totalmente lisa, por lo que, con ello, descartó, aunque ya lo sabía, de que no era la luna. Lo sabía, porque el cielo estaba totalmente cubierto y amenazaba lluvia, incluso comenzaba a gotear. El misterioso circulo luminoso, ascendía lentamente y luego se desplazó hacia la izquierda, hasta perderse tras el cueto de Perroiz, habiendo durado la observación alrededor del cuarto de hora.

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