jueves, 19 de abril de 2012

EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES (III)

EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES (TERCERA PARTE)



Años más tarde, las aguas del río Miera fueron en la infancia del Hombre
Pez, su lugar de juegos predilecto. Incluso existe una leyenda, dentro de la
misma historia en sí, en la que se nos habla de que este niño estaba tanto en
las aguas del río, que no obedecía a su madre cuando por esta era requerido,
por lo que le maldijo, pidiendo a la Virgen que nunca saliera del agua y que se
convirtiera en una breca (un pez, Pajel, Pagellus erythrinus). Hay otra versión
sobre la supuesta maldición, y es que estando la madre convaleciente de un
aborto, se le antojaron unas brecas, pez similar al besugo, y una pescadora
de Santander, que venía a vender su mercancía hasta el pueblo, se las cedió.
La madre del Hombre Pez las cocinó y las guardó en un arca, hasta la hora
de la comida. Pero al llegar Francisco con hambre acumulado en sus juegos
acuáticos por el río, descubrió el arca, con las viandas de su interior, dándose
un festín y así paliar su ayuno. Siendo sorprendido en esta tarea por su madre,
exclamó esta que permitiera Dios que así como andan las brecas por el mar,
anduviese el sin salir fuera del agua nunca más.

Otra de sus peripecias infantiles, nos habla de que el primer trabajo que
tuvo fue el de llevar un caballo, concretamente de un vecino acaudalado del
pueblo, Antonio de Heras, a pacer a un prado que estaba al otro lado del río, en
el sitio que llaman de la Pradilla. Pues bien, en uno de estos traslados, el caballo
se enfureció, y le tiro de la cabalgadura, dándose tan gran golpe, que cogió
miedo al animal, diciendo a su padre la intención que tenía de dejar al amo, e
irse a aprender algún oficio. Según la versión del cura Venero, escogió la profesión
de cerrajero, aunque la más famosa de las versiones que ha llegado hasta
nuestros días es la de carpintería, por lo que con esta nos vamos a quedar.
Condescendió el padre, y le llevó a Bilbao, para entregarle a la doctrina de
un maestro, para aprender el arte de carpintero de ribera, es decir, carpintería
de barcos. Tenía el hombre pez 16 años y corría el año de 1675. Y allí permaneció
unos dos años. Pero el día de San Juan por la tarde, según la versión de
su maestro, habían dispuesto entre unos compañeros una merienda que iban a
tomar después de haberse bañado en el sitio que llamaban de Olabiaga, cerca
de Las Arenas. Después de bañarse, todos echaron en falta a Francisco, al que
intentaron localizar llamándole y revisando toda esta parte de la costa. Pero
transcurridas unas horas, y dándole ya por ahogado, los compañeros cogieron
su ropa, llevándosela al maestro y explicándole el percance, acordando avisar
a la familia.



La madre lloró amargamente la perdida de su hijo. Además, para mas desgracia,
durante los dos años que este había estado en Bilbao, el padre había fallecido.
En este punto, es curioso decir que en el manuscrito del cura Venero,
hace alusión, después de aproximadamente 4 años que se le tenía por ahogado,
de la narración de un navío holandés, que venia del mar glacial, el cual vio
en la costa de Dinamarca a un hombre pez, de medio cuerpo para arriba. Fue
disparado con artillería, metiéndose debajo del agua y no volviendo a salir
jamás. Llegó el barco a su país, contando tan extraña aventura. No la creyeron
quien la escucho, teniéndola por fabulosa, tanto en el puerto de La Haya…
como en el de Londres, ya que se volvió a ver en el canal de Inglaterra, dando
por buena la primera versión del capitán del barco holandés.
Tiempo más tarde, apareció en las costas andaluzas, dejándose ver en la
bahía de Cádiz, causando gran terror y espanto entre los pescadores. Incluso
el intendente de la plaza, dio orden a todos los barcos para que formaran un
cerco y apresar así a la criatura. Pero esta se zambulló en el agua dejándose
ver a gran distancia. También se le vio merodeando la bahía del Puerto de
Santa María.

Pero aproximadamente en febrero de 1678, vuelve a aparecer en la bahía
gaditana. Los pescadores comienzan a echarle trozos de pan, y este va acercándose,
poco a poco a los barcos, ganando en confianza. De nuevo, un día
en que parecía que el hombre pez había perdido todos los temores a los pescadores,
el intendente ordena realizar a los barcos, no uno, sino dos cercos, para
que la captura fuera exitosa. Y así fue. Pasados los instantes de extrañeza y
temor, llegan al puerto, esparciendo la noticia, lo que hizo que se construyera
un artificio a base de redes y cebos con pan y carne, para atraer a tan extraño
ser. Tras no pocas dificultades, consiguen atraparle y arrimarle a tierra firme.
El ser parecía una persona y de hecho lo era, con una altura de 1,80 m., muy
corpulento, de tez pálida casi transparente y el cabello muy rojo. Le meten a
una de las lanchas, desnudo, con una sonrisa insensata y de repente exclama
entre el asombro de sus captores las palabras “pan, tabaco y Lieganes” (se
observa una sutil anomalía al pronunciar la R, por lo que no pronunciaba bien
el vocablo Liérganes).

Además, una franja de escamas, le surgían de la garganta hasta el estómago,
y otra a lo largo de su columna vertebral. Los dedos de las manos estaban
unidos con una telilla parduzca, parecida a las patas de las aves acuáticas.
Bramaba y rugía igual que los animales, y tuvo que ser reducido por varios
trabajadores del puerto. Le llevan como un trofeo a la ciudad, le visten de
cualquier manera y le presentan ante el gobernador, que nada pudo averiguar
sobre el ser. A la vista del gentío que se había congregado en las inmediaciones
de la plaza, deciden alojarle en un convento de Franciscanos. Allí se
encontraba el padre Fray Rosendo, que después de haber examinado a tan extraña
persona, decidió darle papel y pluma. Entonces el Hombre Pez escribió
para sorpresa de los presentes: “Francisco de la Vega Liérganes”.
Aquí vuelven ha existir varias versiones. Una habla de que un monje peregrino
que por aquellos días se encontraba en este monasterio y que provenía de
La Montaña, reconoció al momento el pueblo escrito por el personaje, dando
noticia a la aludida localidad santanderina, por saber si había desaparecido alguien
con el nombre sabido. Al responderle desde Liérganes afirmativamente, el
mismo monje dirigió una comitiva para transportarle hasta el norte de España.

Existe una segunda versión en este punto en la que se logró, (después de
largas sesiones de exorcismo, llevadas a cabo por el secretario de La Santa
Inquisición, don Domingo de la Cantolla, junto con la colaboración de expertos
en lenguas extranjeras, como Fray Juan Rosendo), la pronunciación de
tres palabras por parte del sujeto, “pan”, “tabaco” y “Liérganes”, un vocablo
totalmente desconocido por los presentes. Pero dio la casualidad de que un
joven que se encontraba trabajando en los astilleros gaditanos, era oriundo
de Santander, y dijo que era el nombre de un pequeño pueblo perteneciente
al Arzobispado de Burgos, y que se alzaba sobre el río Miera. La sorpresa
de don Domingo fue mayúscula, lo que hizo que inmediatamente enviaran
numerosos mensajeros hasta la localidad de Solares, próxima a Liérganes en
pocos kilómetros, para ponerse en contacto con el noble Dionisio Rubalcaba,
Gaspar Melchor de la Riba, caballero de la orden de Santiago, y el Marques
de Valbuena, personas de toda confianza, que se encargaron de investigar el
caso por toda la comarca liérganesa, para buscar alguna unión entre el sujeto
encontrado por tierras andaluzas y dicho pueblo norteño. En los siguientes
días, Rubalcaba recibe la noticia de la desaparición de un tal Francisco de la
Vega Casar, la cual sucedió en las inmediaciones de la ría de Bilbao hacía cinco
años. Tal noticia provocó un gran revuelo en el convento de San Francisco,
a la vez que asombro enorme. Con lo cual se acordó el transporte del singular
ser a tierras santanderinas.

viernes, 24 de febrero de 2012

EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES (II PARTE)

“Examen.
La historia del Hombre Pez de Liérganes, o lo que es lo mismo, Francisco
de la Vega Casar, fue ilustrada por el padre Feijóo, a través de los testimonios
consultados por él mismo, por el Marques de Balbuena, de Santander, de Gaspar
Melchor de Riba-Agüera, caballero Santiagués de Garajo, cerca de Liérganes,
Dionisio de Rubalcaba, hombre notable de Solares y el mismísimo cura
de Liérganes Fernando Antonio del Hoyo Venero, en un manuscrito redactado
por él mismo en el año 1748, existente en el Museo Británico de Londres sobre
el escabroso hombre-anfibio cántabro. Algunos de estos habían tratado directamente
con el fabuloso nadador, y a la vista de toda la información recibida,
Feijóo decidió escribir uno de sus capítulos más famosos, titulado
Filosófico de un Peregrino Suceso de estos Tiempos”
 El país había llegado a un grado tal de postración que de 14 millones de Estos dichos datos me parecen curiosos a la vez que necesarios a la hora
Los estudiosos Miñano y Mellado, lo refieren de diverso modo en sus diccionarios,
pero esencialmente es lo mismo, que al hacer tregua los habitantes
con las tropas de Augusto, se hallaron en la famosa batalla, la cual ganaron
en Pas los del país, y extrañados los romanos exclamaron “ ¡ illi erga nos!”
(Ellos para con nosotros). Sin embargo, otros opinan que Liérganes viene de
la derivación del latín “locus erga amnen” (lugar junto al río).
El municipio está situado al sur de la ciudad de Santander, en una zona de
transición entre esta y otras zonas más altas de la región. Posee una extensión
hoy en día de 36.7 Km.2 y una población actual de 2.267 habitantes, siendo
el barrio del Mercadillo, donde mayormente se concentra. Todo este paisaje
es bañado por el paso del río Miera. Sus habitantes, generalmente dedicados
a la agricultura y ganadería, son protagonistas del auge actual que representa
el turismo, por su riqueza paisajística y arquitectónica, además de por la fama
de su balneario.

Los primeros datos históricos que se conocen sobre la existencia del pueblo,
se remontan al año 816, en que se nombra el Monasterio de San Martín
de Liérganes, en escritura de Santa María del Puerto (Santoña). A mediados
del siglo XVII se instalaron el la villa los primeros hornos de fundición que
hubo en España.

Así, a pesar de la generalizada crisis en otras zonas del país como se ha
comentado, la zona de Liérganes consigue triplicar su población en este siglo
XVII, con una evolución que recogía 252 habitantes en 1600, 335 en 1664 y
740 almas en el año 1704. Este incremento de la población fue debido también
a la introducción del cultivo del maíz, ya que el trigo, que también se intentó
cultivar, no fue una plantación ideal para la zona y al comienzo de la implantación
de lo que serían unas prosperas industrias de fundición, con la consiguiente
llegada de inmigrantes de centroeuropa, principalmente, como mano
de obra capacitada para dichas industrias, como más tarde se verá.
Es en este siglo XVII, cuando vivió el Hombre Pez, Liérganes se convierte
en una población con cierto renombre, ya que se encontraba en el
paso y cruce del camino de Castilla, a través del puerto de Lunada, con el
intercambio de cereales y otros bienes del interior de la península, hacia el
mar.

Así describe un cronista de principios del siglo XVIII el sitio de Liérganes,
el paisaje exacto que vería Francisco de la Vega:

“ Liérganes, provincia y Obispado de Santander, lugar de las antiguas
merindad de Trasmiera y Junta de Cudeyo, esta situado en una cañada o
valle a orillas del río Miera que le baña en toda su longitud de mas de una
legua ( 5,5 Km. Aprox.), corriendo despeñadas desde la brañiza del sitio de
Balbuena, junto al Portillo de Lunada en San Roque del Rió Miera, donde
nace, hasta desembocar en la bahía de Santander, distante unas cinco leguas.
Es Liérganes cabeza del ayuntamiento y se compone además del pueblo de
Pamanes: Dista de la capital unas tres leguas, y de Emtrambasaguas, a cuyo
partido judicial pertenece, una y media escasa. Su clima es algo húmedo y
frío en invierno y bastante caluroso en verano por estar situado entre montañas
que le estrechan por todas partes: Es sin embargo, pueblo muy sano
y no conocemos que nunca haya existido en el epidemia maligna de ningún
género, ni aún la de cólera-morbo.
Tiene Liérganes 340 vecinos y 1700 habitantes, distribuidos en los barrios
de Los Prados, Calgar, Sotorrio, La Costera, Mercadillo, La Rañada,
La Vega, Rubalcaba, y en los de Buspombo, Las Porquerizas, La Quieba
y El Rellano, situados en las alturas del pueblo, al que dan el nombre de
cabeceras, y habitados por pasiegos. Posee dos escuelas de primeras letras,
una de niños y de niñas la otra, fundadas benéficamente por don Victoriano
de la Cuesta la primera y por don Pio de la Cuesta la segunda. Cuenta también
con botica y medico. Abundan las iglesias, ermitas y capillas, si bien
algunas se hallan en tan ruinoso estado como la religión católica y todas las
demás regiones positivas…tiene Liérganes varios establecimientos industriales:
Ocho molinos harineros (tres o cuatro en ruinas) cuya molienda es
de maíz y una pequeña porción de trigo álaga, varias fraguas, almacenes de
paños y telas, tiendas de comestibles y algunas panaderías. Casi todos los
naturales de Liérganes saben algún oficio, y eligen con predilección los de
cantería, albañilería. En su mayor parte salen a trabajar fuera del pueblo
y aún del país y muy especialmente los de el oficio herrero, que hasta hace
bien pocos años establecían sus fraguas en la provincia de León…El terreno
es de muy buena calidad; le labran las mujeres casi todo el valiéndose de la
laya y azada: Produce maíz, alubias, patatas, buen cáñamo y lino, buenas
hortalizas y excelentes y variadas frutas, de peras, manzanas, pavias, melocotones,
albérchigos, griñones, ciruelas, higos, castañas, nueces y avellanas
y algunas naranjas y limones. Se cosechaba un buen numero de cantaras de
chacolí, pero desde el año 1852 viene reinando la enfermedad del oidium
y ya nadie se preocupa de plantar cepas o de reponer las cortadas. Lo que
posee en gran escala son fuentes y manantiales de puras y cristalinas aguas
que manan por todos sitios.
Tiene Liérganes muchas cabañas con prados cerrados, donde los pasiegos
crían ganado vacuno, de cuyas leches elaboran buena manteca y queso
que venden en el mismo pueblo, en los inmediatos y en la capital. Se cría también
en el pueblo ganado lanar y caballar, aunque en pequeña escala. Hay
alguna caza de liebres, perdices, codornices, sordas (becadas), y palomas
torcaces y pescan truchas y anguilas en bastante abundancia. Sus montes de
roble, acebos y arbustos de varias clases, aunque casi talados, no dejan de
producir lo necesario para los habitantes.

Existen canteras de piedra, yeso y de magnifica losa que en tiempo no
lejano era conducida a Santander para emplearla en los suelos de almacenes
y pisos de cocinas y balcones…Como sitios de diversión pública cuenta Liérganes
con una magnifica plaza de juego de bolos, la primera, acaso, de la
provincia…Hay correo y comunicación diaria con Santander, por medio de
coches, que enlazan en la estación de Boo, aumentándose considerablemente
este servicio en verano, a consecuencia de la mucha afluencia de bañistas
que van en busca de salud perdida al magnifico establecimiento balneario
de aguas sulfurosas de la renombrada Fuente Santa de Liérganes…Liérganes
tenía el privilegio de celebrar una feria anual en el mes de febrero, pero
sin que sepamos las causas, aquella feria desapareció por completo. Hoy se
celebra mercado los sábados…Existían en ruinas hasta hace pocos años, las
fabricas reales de fundición de cañones, hoy convertidas en finca particular,
en la que se esta construyendo una gran fabrica de harinas…En principio de
siglo XVII se hicieron venir de Flandes, como queda indicado a instancias del
gobierno, treinta o cuarenta familias de operarios, para trabajar en las reales
fabricas de cañones. Estas familias que venían a enseñar las técnicas a los
que no conocían su funcionamiento, fueron vistos desde el primer momento
con repulsión por parte de los vecinos, creyéndolos herejes o judíos, a pesar
de que verdaderamente eran católicos…

De nada servia sus bondadosas costumbres y su trato afable. Eran aislados
hasta el punto de dejarlos en un rincón en la iglesia, y no darles cabida en
la gestión administrativa del pueblo. Se tenía mal visto que entraran en amoríos
con los jóvenes del país, aunque esto también ocurría con los pasiegos.
Pero el tiempo fue pasando, y no sin muchos problemas, la normalidad volvió
a reinar entre todos los habitantes de la zona. Así, se pueden citar apellidos
como Rojí, Rocañí, Bernó, Lombó, Oslé y Zalacaín, de origen flamenco y que
hoy en día se hallan completamente unidos a apellidos montañeses.”

Fue en esta época justamente cuando aparece nuestro protagonista, Francisco
de la Vega Casar, naciendo según unas versiones en 1660. Francisco tenía
tres hermanos más. Tomas, Juan y José, que, junto a sus padres formaban
la unidad familiar. Después de analizar concienzudamente todas las narraciones
de la época sobre la historia del Hombre Pez, esta se rodea de un halo de
misterio, incluso se percibe la acción voluntaria, en los documentos hallados
y realizados por las personalidades (sobre todo religiosas) que le conocieron,
de querer ocultar evidencias testimoniales, o en otros casos, cambiar fechas y
nombres hasta cometer errores de peso. Esta circunstancia ya fue detectada,
y así lo refleja en su libro, José María Herrán Valdivieso, en una de las obras
más documentadas sobre el particular, titulada “El Hombre Pez de Liérganes”
y escrita en 1877. Estas sospechas vienen fundadas por, según Valdivieso, la
ignorancia que reinaba en la época, y el autoritarismo de la iglesia, enfocando
los hechos ocurridos a Francisco de la Vega, como
un castigo venido a los hombres por su actitud poco
piadosa y alejada de la doctrina. Valdivieso aprovecha la historia del Hombre
Pez, para hacerse eco de otra, cuyo protagonista es un pariente de Francisco de la Vega, el carmelita
Fray Juan de la Vega, nacido en Liérganes en 1672 y sentenciado por la Inquisición en 1743 a encierro
perpetuo en el convento de Duruelo. Este monje fue acusado de “molinosista”, esto es, de seguir las
ideas de Miguel de Molinos, el cual propugnaba el “quietismo” religioso, no pensar, no leer, no tener
ideas propias y dejarse guiar siempre por un padreespiritual. Al final, Valdivieso insinúa una especie
de conjura por parte de la iglesia, que mezcló deliberadamente
ambas historias para beneficio propio.

En resumen, se quería demostrar que el trastorno de Francisco, sería el castigo que tendría que pagar
los familiares del pecador (en este caso, su tío monje) desafiando las leyes naturales
y no reñidas con la iglesia. A este respecto, Valdivieso hace una gran crítica a los clérigos en su obra.
Así, desde el principio comenzamos a detectar irregularidades en documentos,
que tendrían que ser únicos y fuera de toda duda: en el libro de Valdivieso,
cuenta como él mismo consultó sobre el año 1876 los libros parroquiales
de Liérganes, cedidos por el cura de entonces (sobre 1875), Sr. Don Joaquín
G. López. Comprobó que no existía la partida de bautismo de Francisco de la
Vega, padre del hombre pez, pero si la de su madre, y dice así literalmente:

“María del Casar:
En Liérganes, en la Iglesia parroquial de dicho lugar el B.R. Pedro de
Heras Miera, cura propio de ella, hoy jueves, a ocho de agosto del año de mil
y seis cientos y veinte y dos, bauticé a María del Casar, hija de Agustín del
Casar y de María de la Cuesta su mujer. Fue su sobrino Pedro de la Mala
(o de la Malla, el manuscrito no se aprecia bien) y testigo el B.R. Juan de la
Torre y Pedro Escajo, y por ser verdad lo firmo fha. Ut supra -El B.R. Pedro
de Heras Miera- El B.R. Torre Obregón.
 
“Partida de bautizados
Francisco de la Vega Padre del Hombre pez.
 
Digo yo, Juan Abad de la Rañada, clérigo cura de Liérganes, que oy quatro
de henero de 1600 bauptize a Francisco, hixo lexitimo de Pedro de la Vega de
Juana de la Cuesta su padrino Angel Barguerrero (o Barquinero, más fiable) y
por verdad lo firmo con mi nombre y apellido Juan Abad de la Rañada.”

“Partida de bautizados
María del Casar madre del hombre pez.
Hoi 11 de marzo de 1638 bauptize a María del Casar, hixa lexitima de
Pedro del Casar y de Ana de Acebo fue su padrino Domingo de Miera y por
verdad lo firmo ut supra Juan de la Rañada Rubalcaba.”

Obsérvense la diferencia entre los nombres de los padres de María del
Casar en ambas partidas aportadas por los dos autores. Además en la partida
bautismal de María del Casar aportada por Valdivieso, figura como párroco de
Liérganes Pedro de Heras Miera, siendo nombrado en el documento de Venero
al cura Juan de la Rañada, por lo que creemos que es un error, ya que el cura
Heras Miera es posterior a de la Rañada, y de esta forma aparece en las partidas
bautismales de los hijos. Pero continuamos con las diferencias y anomalías.
Valdivieso asegura que no existen, o al menos él no localizó la partida de
casados de Francisco de la Vega y de María del Casar. Sin embargo, el cura
Venero lo cita de la siguiente manera:

“Partida de casados y de velados de los de arriba.
En 20 de henero de 1654 después de las tres municiones despose y vele a
Francisco de la Vega y a María del Casar y por verdad lo firmo ut supra Bacr.
Pedro de Heras Miera.”

Razonando las fechas y las costumbres de la época, Valdivieso de acuerdo
con este documento aportado por Venero, estima que en el momento del
matrimonio el padre del hombre pez contaba con 54 años, mientras que la
madre solamente con 16, cosa poco común entre matrimonio de labradores.
Según la partida de nacimiento de María que aporta Valdivieso, esta tendría
16 años más, es decir 32, siendo esta edad también demasiado extraña, esta
vez por ser algo avanzada para el matrimonio según costumbres de la época.
Pero sigamos con las comparaciones. Valdivieso halló la partida bautismal
del primer hijo del matrimonio y hermano mayor del hombre pez que dice así:

“José de la Vega.
Digo yo el B.R. Pedro de Heras Miera que a diez de noviembre de mil
seiscientos y cincuenta años, bauticé a José de la Vega, hijo de Francisco de
la Vega y María del Casar, su muger, fue su padrino su B.R. Francisco de Heras
Rañada y testigo el licenciado Rañada y licenciado Francisco de Heras
y por ser así verdad lo firmo fha ut supra - el B.R. Pedro de Heras Miera- el
licenciado Francisco de Heras.”

E
su documento. Pero si nos hacemos caso de la de Valdivieso, este primer hijo
hubiera nacido cuatro años antes que la proclamación del matrimonio (compruébese:
fecha que figura en el bautismo de José de la Vega según Valdivieso
1650 – fecha que figura del matrimonio de sus padres según Venero 1654) por
lo que puede ser errónea la partida bautismal de José aportada por Valdivieso,
sta partida no fue encontrada o al menos transcrita por el cura Venero en
siendo la mas lógica acta de bautismo la de 1655, habiéndose producido, probablemente,
un error de trascripción.

El segundo hijo del matrimonio, Valdivieso lo copia de esta forma:

“Thomas de la Vega.
Digo el B.R. Pedro de Heras Miera día 15 de diciembre de 1656 bauptize
a Thomas hixo lexitimo de Francisco de la Vega y María del Casar fue su padrino
el Bacr. Juan de Heras y testigos los mismos de arriba (de su hermano
José) y por verdad lo firmo ut supra Bacr. Pedro de Heras Miera, el Bacr.
Rañada el B.R. Pascual Mazas.”

De este segundo hijo, el cura Venero lo expone de esta otra manera:

“Partida de Thomas.
Digo el B.R. Pedro de Heras Miera día quinze de diciembre de 1656 bauptize
a Thomas hixo lexitimo de Francisco de la Vega y de María del Casar fue
su padrino el B.R. Juan de Heras y por verdad lo firmo ut supra B.R. Pedro
de Heras, el B.R. Rañada.”

Estas partidas parecen que coinciden en ambas versiones.
Según las informaciones de Valdivieso sobre la partida del tercer hijo
llamado Juan, dadas a él mismo por Balbuena, Riba Agüero y el dean de Jaen
Martínez Mazas, no existe dicho documento, si bien es probable que hubiera
nacido en 1659 y muerto en 1737.

Pero el cura Venero si hace mención de tal escrito de esta forma:

“Partida de Juan.
Digo yo el B.R. Pedro de Heras Miera que oi 12 de octubre de 1658 bauptize
a Juan hixo lexitimo de Francisco de la Vega y de María del Casar fue su
padrino Francisco de Heras y textigos el Bachiller Pascual de Mazas y por
ser lo firmo fecho ut supra B.R. Pedro de Heras B.R. Pascual de Mazas.”

Valdivieso señala precisamente el tomo en el que se refleja el documento
donde figura la partida de bautismo del protagonista de esta historia, Francisco
de la Vega del Casar, el Hombre Pez. Se trata del tomo del principio de
año 1616, folio 170 y año de 1658 (este año es erróneo ya que en este nació su
hermano, Juan). Dice así:

“Francisco de la Vega (con tinta encarnada esta puesto “el hombre pez”)
Digo yo el B.R. Pedro de Heras que oi a 22 de octubre de 1658 años
bauptice a Francisco de la Vega hixo de Francisco de la Vega y de María del
Casar su muger fue su padrino el señor Francisco de Heras y testigos el señor
Rañada y el señor Pascual de Mazas y por ser así lo firme ut supra Pedro de
Heras Miera.”

Según el cura Venero el acta dice así:

“Partida de Francisco, hombre pez.
En 16 de noviembre de 1660 años bauptize yo el B.R. Pedro de Heras,
cura de Liérganes a Francisco, hixo lexitimo de Francisco de la Vega y de su
muger María del Casar fue su padrino Juan de la Cantilla testigos Pedro de
la Rañada y otros y por verdad lo firmo ut supra B.R. Pedro de Heras.”

Por todo lo expuesto, podríamos deducir que lo aportado por Valdivieso,
que a su vez le fue proporcionado por el cura de la época Joaquín G. López,
eran copias, en ocasiones transcritas con errores de lo que exponía el cura Venero
del Hoyo, por lo que como fidedigno podríamos tomar los documentos
de este último, no sin mostrar las reservas que lógicamente hay que tener en
asuntos de este calado.

A pesar de este razonamiento que se nos antoja el mas lógico, Valdivieso
insiste en la autenticidad de los documentos por él recibidos, y concluye
su libro con una curiosa teoría en la cual habla de cierta ilegitimidad en el
primero o en el último de los hijos del matrimonio de la Vega, y que por tal
mo
originándose aquí todas las irregularidades y confusión en fechas y nombres
que revisten todos estos documentos contrastados.

Por todo lo dicho hasta ahora, pasemos a relatar la historia en sí. Nació
Francisco de la Vega Casar el 16 de noviembre de 1660, en el barrio y casa que
llaman de Mazorrilla, solar de sus progenitores, junto al río Miera, al lado de
un puente que llamaban del Batan. Una narración del siglo XIX, habla de la
ubicación del lugar exacto de la vivienda del hombre pez:

tivo hubiera interés en embrollar u ocultar una de las partidas bautismales,
“Este lugar se encuentra bajando del barrio del Mercadillo, centro de
Liérganes, al barrio del Calgar, hallándose a corto trecho el puente denominado
del Batan, que da paso a un riachuelo que desemboca en corto trecho
en las aguas del río Miera.
Aguas arriba de este puente, y margen izquierdo del riachuelo, frente
por frente a un molinito antiguo que se halla enclavado en la huerta y a espaldas
de la casa de Riaño, llamada de la Atalaya, antes de Luyo, existe en
el sitio de la Mazorrilla, mies de Parayón, un solar propiedad de la familia
Cantolla Pedraja. Pues bien, la tradición del pueblo apunta que en aquel sitio
nació y vivió Francisco de la Vega
 
“ María del Casar, viuda de Francisco de la Vega, como principal y Pedro
del Río, vecinos de Liérganes, otorgan escritura de venta y censo al quitar
de cuarenta ducados de principal por dos de renta anual a favor de su convecino
Felipe de la Vega ante el escribano de la junta de Cudeio don Domingo
de la Cárcova Rubalcaba en trece de enero de mil seiscientos setenta y ocho,
siendo testigos Domingo de las Heras, Domingo de la Vega y Pedro de la
Cárcova, naturales y vecinos del mencionado Liérganes. Para cumplimiento
de lo que en ella estipulado, hipoteca la citada deudora principal María del
Casar los bienes siguientes: La casa en que vive con su huerta pegada a ella,
sita en el barrio de la Mazorrilla, lindante con herederos de Andrés de la
Vega y la Cerrada o mies de Parayon”.

Siglos mas tarde, en un documento municipal se vuelve a detallar la ubicación
exacta de la casa de los Vega:

“Junto al antiguo Batán, cuyos restos se conservan en el río de La Costera,
se hallaba la casa donde nació el hombre pez, casa que ya en 1797 se en
48
contraba en ruinas y era objeto de curiosidad, como se desprende del hecho
de ser mencionada por Martínez Mazas en ese año, y después en el plano de
La Cavada y sus inmediaciones y publicado por Coello en 1861 es el llamado
sitio de La Mazorrilla”

(CONTINUARÁ)

Existe una prueba mucho mas fidedigna que da por buena esta descripción
y es el documento en el cual la madre del Hombre Pez hipoteca su casa de
La Mazorrilla, sin duda, agobiada por los malos tiempos, y todo lo acaecido a
la familia. Es el siguiente:


Sin embargo, en el manuscrito realizado por el cura Hoyo Venero, bastante
anterior a los aportados por Valdivieso, que se encuentra en el Museo
Británico de Londres, el cual es un raro documento que el cura Venero de
Liérganes elaboró por aquellas fechas escasamente posteriores a la desaparición
del Hombre Pez, recupera libros parroquiales antiguos, a petición de Las
Carmelitas Descalzas de Zumaya, en Guipúzcoa, donde si aparece la partida
de nacimiento del padre del Hombre Pez. Nos habla Venero de las dichas
partidas de esta forma:


de poder analizar mejor los hechos que vamos a detallar. Antes de pasar a
la historia en cuestión, nos vamos a circuscribir ahora en el paraje donde se
desarrolló: el municipio de Liérganes. Según cuentan estudiosos del origen
de los vocablos, la palabra Liérganes es corrompida de las latinas “illi erga
nos” (ellos para con nosotros), las cuales se supone que fueron pronunciadas
por los cántabros, después de rechazar la proposición de rendirse de los astures
y de haber salvado en el Mortesante el foso de cinco leguas, dentro del
cual les tenía acorralados por el frío y por el hambre el cónsul romano. De
esta forma y explicando el vocablo, en los tiempos de Augusto, vieron reunidos
en este pueblo a otros naturales del país que acudían en su auxilio “ellos
para con nosotros”.

Si la existencia del hombre-pez fue cierta, vivio una época de la historia
difícil a nivel social en el siglo XVII. La miseria, un mal gobierno y una Iglesia
demasiado autoritaria, había transformado al país, dejándolo desdichado y
hambriento. Para hacernos una idea de la España en la que se van a desarrollar
los hechos y por lo tanto, del marco en que vivió Francisco, he aquí lo que
cuentan los cronistas de aquellos tiempos:

habitantes que había tenido en el siglo XV, había quedado reducida esta cifra
a 6 en la segunda mitad del siglo XVII. El hambre, la desnudez, la miseria y el
fanatismo religioso, era todo lo que quedaba por todas partes, desde la cabaña
hasta el Palacio Real. Y es que a finales del siglo XV, la iglesia y la religión
eran lo que constantemente obsesionaban a la población, y esto explica que
en todo lo que crecía la iglesia en poderío, menguase España en ciudadanos,
en industria, en artes, en ciencias y en riquezas. Por ejemplo, los 16.000 telares
que enriquecían a Sevilla y daban trabajo a 130.000 personas a finales
del XV, quedaron reducidos a 300 en el transcurso del siglo siguiente. Pero
en cambio la iglesia llegó a poseer 5.000 casas de las 9.000 que la ciudad
tenía dentro de su recinto. Medina del Campo vio reducidos a unos centenares
sus 60.000 habitantes y los 6.000 vecinos que tenía Burgos, quedaron
reducidos a 600. Valencia y Murcia que habían llegado a ser emporios de la
producción y del comercio merced a la tolerancia religiosa habida con judíos
y moriscos se arruinaron desde que esta ceso. La literatura fue generalmente
católica y llegaron a no publicarse más libros que los de santos. El teatro, que
fue una de nuestras glorias nacionales mas características, viose cerrado por
contrario a la iglesia, en tiempos de Carlos II, a petición del clero.”

miércoles, 8 de febrero de 2012

FRANCISCO DE LA VEGA CASAR: EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES

EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES. (Extraido del libro del autor Enigmas de Cantabria)

Ya desde la antigüedad se nos habla de nereidas y de tritones, seres
mitológicos, mitad hombres, mitad peces, y esto aparece en ilustraciones
y grabados de navegantes, hasta finales del siglo XVII.
Después de este siglo, se continúa hablando de estos extraños seres,
ayudado por los relatos de testigos que afirmaban haber visto entes de estas
características tan peculiares.

En muchas tradiciones de las culturas más diversas, aparecen seres anfibios
generadores de civilizaciones. El sacerdote babilónico Beroso, describió
unas criaturas llamadas Annedoti (los repulsivos), unos hombres-peces que
habían traído la civilización. El primero de ellos fue Oannes. La tribu Dogon
de África Occidental, cree que unos seres anfibios, los Nommo, visitaron la
Tierra en un remoto pasado. Los Nommo vinieron del sistema estelar de Sirio.
En la mitología griega, abundan los extranjeros con cuerpo de pez, sobre
todo en la isla de Rodas, donde estaban los Telquinos, genios transmisores de
cultura y demonios de las profundidades del mar.

A principios de nuestra era, Plinio El Viejo nos cuenta una historia muy
curiosa, en su obra titulada “Historia Natural”. En su época, fue avistado un
ser marino, mientras surcaba el mar de Cádiz, y su forma era humana, lo cual
fue verificado por varios caballeros romanos, que testimoniaron tan singular
hecho.
Otro caso  ocurrió en Inglaterra, en 1137, donde un ser de apariencia normal,
fue “pescado” en las costas anglosajonas, concretamente, en el Canal
de la Mancha, y fue recogido entre sus notas por los cronistas ingleses Larrea
y Ralph de Coggeshall. Cuentan como unos pescadores, de la localidad
de Oxford, capturaron a un hombre desnudo, que nadaba con soltura bajo el
agua. Una vez que fue apresado, le llevaron ante la presencia del gobernador
de Oxford, el cual le tuvo en exhibición durante mucho tiempo, escapándose
un buen día. Mas tarde, volvió a la costa, y estuvo viviendo entre los vecinos. Durante el tiempo de su encerramiento, solamente se alimentaba de pescado, sin pronunciar palabra alguna, a pesar de sufrirlas más crueles torturas.
 


Por aquella época, en un libro impreso en Holanda “Las Memorias de
Trevoux”, y recogido el hecho en la obra de Valdivieso, “El Hombre Pez de
Liérganes”, se describe el encuentro de un bajel mercantil holandés, que navegaba
por las costas de aquel país, con un hombre marino, el cual acercándose
a la embarcación, saltó a bordo y hablando la lengua holandesa, pidió una pipa
con tabaco en hoja, para gozar de su humo. Dijo que hacía ocho años que vivía
en el mar, y arrojándose a este de nuevo, desapareció.

Cristóbal Colón, iba a ser también testigo de excepción, de un avistamiento
de tan extrañas criaturas. Cuando el navegante genovés se encontraba frente
a las costas de Las Antillas, cree divisar tres de estos seres, que le pareció
que bailaban sobre el agua, con una fisonomía “feas y mudas y en su mirada,
una cierta nostalgia de Grecia” según sus propias palabras.

Cuenta la historia que en Ceilán, al sureste de la India, fueron sacados por
unos pescadores, en una sola tirada de red, siete hombres y nueve mujeres marinas.
Ocurrió en 1560. Según los testimonios, eran humanos, sin mezcla de pez.
(...)

En La Montaña, los crueles relatos acuñados por la literatura clásica, tanto
romana como griega, sobre extraños seres de morfología de pez, fueron notablemente
suavizados, y el resultado fue que las narraciones de pescadores y
navegantes sobre sirenas, tritones y nereidas, quedaron en cuentos e historias
fantasiosas de los hombres del mar, a pesar de que muchos de estos extraños
encuentros estaban protagonizados por un número de testigos considerable.
Por esta razón, muchos de los escudos y blasones de Cantabria, representan
a sirenas y otros seres acuáticos, fruto de estas leyendas. Así podemos citar
El Lantarón, ser de la mitología cántabra que guarda las costas y el mar de
la región. Tiene formas y costumbres comparables a las humanas, y es muy
similar al dios Neptuno itálico o al Poseidón griego. Tenía unos pies enormes,
unidos los dedos por membranas, el cuerpo robusto y musculoso, la piel verdinegra
como las algas. Solía el Lanjarón acercarse a tierra en la bajamar, y
apostarse en los salientes de las rocas, donde permanecía inmóvil y erguido
como una estatua. Se alimentaba de pulpos que arrancaba del fondo del mar.
Llevaba, como báculo, una recia vara de saúco.

Pero el mas conocido, dentro de estos singulares seres, es el Pesce cola
ó Peje Nicolao. En España fue conocido como Pez Nicolás. Sus hazañas natatorias
fueron tan impactantes que todavía hoy permanecen en la mente de
muchos pescadores en innumerables puertos del mundo. Fue tan popular, que
de Oxford durante dos meses, arrojándose al océano de nuevo, sin que se hubieraCuentos de madres aBarcelona, 1878, y en “Desagravios de la mujer ofendida contra las,
el benedictino, padre Feijóo, le dedicó varios capítulos en su obra, “ El Teatro
Universal”, y él mismo cuenta que era un gran nadador de Caíanla, y que se
dedicaba a la pesca de ostras y coral:

“Domesticado con aquel feroz elemento, el mar, igualmente se recreaba
en sus serenidades que despreciaba sus furores. El día que no se adentraba
en el mar, sentía tal angustia, tal fatiga en el pecho, que no podía sosegar...
buceaba grandes distancias, y recorría el mar como nosotros la tierra, llevando
el correo del continente a la isla. Así vivía ese racional anfibio, hasta
que su desdicha le hizo víctima de Neptuno, al cual adoraba.”.

Pero la mitología cuenta que no fue Neptuno en verdad quien lo mató,
sino el rey Federico de Nápoles, el cual le obligó a sumergirse en el terrible
remolino de Caribdis, el mismo de los viajes de Ulises, para recoger una copa
de oro lanzada de antemano y de manera desafiante por el rey. A los tres
cuartos de hora, salió el pobre Nicolao con la copa en la mano, arrojándola de
nuevo el cruel rey, y obligando de nuevo al hombre pez a recogerla, pero esta
vez pereció ahogado…o al menos eso se cree.

Pero hay mas: Alejandro de Alejandro, jurisconsulto, nos relata:

“Conoció a otro hombre que era marinero y de barca fuerte, que andaba
por la mar de pescador y grumete otra vez... y era tan gran nadador, que recorría
nadando la distancia que hay desde la isla que esta a la vista de Nápoles,
hacia la otra isla que se encuentra a una distancia de 50 estadios. Lo hacia
en un día, que sería mas de legua y medía la distancia (ocho kilómetros), y
que acaeció salir con el varios hombres en un batel con remos y no poder con
su nadar. Los historiadores también describen maravillas de otro nadador,
llamado Delio, tanto que se trata por un refrán: “Delio, nadador””.

De nuevo, el benedictino Feijóo, trata sobre el tema, en un recopilatorio
de las “Memorias de Trévoux”,  obra comenzada por el francés del mismo
nombre:

“A principios del siglo XVIII había en Madrid un calabrés religioso, el
cual tenía la virtud de los animales anfibios, de poder estar mucho tiempo
debajo del agua. Este se puso a experimentarlo enfrente del propio rey, el
cual no aceptó el reto, tal vez temeroso, por los relatos del otro rey, Federico,
quien mato a Nicolao por su curiosidad ”.




Y va a ser el religioso Feijóo, el que profundice mas en el análisis del
hombre pez de Liérganes, a pesar que en su obra, puesta al servicio de la
verdad religiosa, racional y lógica para aquellos tiempos, titulada
"Teatro Crítico”, ataca de forma severa, las profecías, los milagros, los duendes,
la astrología judiciaria o a las zahoríes. Pero al llegar al extraño ser santanderino
y otros hombres y mujeres peces, después de analizar y sopesar
numerosos testimonios, dice que para él no había ninguna duda sobre su
existencia.

No cabía duda que los mares estaban poblados de estos maravillosos tritones
y nereidas, y se lamentaba cuando decía que el de Liérganes era mudo, por
lo que desgraciadamente, no pudo contar a los contemporáneos de su historia,
las maravillas de los fondos de los mares.

Para justificarse de sus afirmaciones, el religioso afirmaba que en la naturaleza:
“Había por doquier ejemplos en los que el aire no era imprescindible para
la vida -pues un feto vive sin respirar, mientras esta en el claustro materno”.
Esta teoría estaba basada en creencias de la época en las que se decía que
el ser humano podía vivir sin respirar, varias horas sumergido, puesto que los
pulmones de los ahogados no se encontraba agua, de lo cual falsamente se
concluía, que podían pasar sin aire. Se realizaron numerosos estudios, desmentidos
todos ellos por la ciencia actual.

 
(continuará)

 
 

martes, 7 de febrero de 2012

LOS SECRETOS DE LA LUNA: ¿ES ARTIFICIAL?

Os presento un interesante video del doctor Jimenez del Oso, perteneciente al mítico programa que presentaba a finales de los años 70, "LA PUERTA DEL MISTERIO", en el que se habla del posible origen artificial de nuestro satélite. Además, se consideran otras "rarezas" que se han detectado en este astro. Muy interesante y recomendable:



martes, 31 de enero de 2012

LA LEYENDA DE LA ERMITA DEL BUEN SUCESO, EN QUIJAS

 LA ERMITA DEL BUEN SUCESO EN QUIJAS


Quijas es uno de los pueblos más altos del ayuntamiento de Reocín. Solamente lo vence en su proximidad a las nubes  el barrio de La Venta, o las reminiscencias del pueblo de Reocín, el cual fue sepultado por la actividad minera, y por cuya extracción, sobre todo de zinc,  es conocido en otras tierras. Cercano al pueblo de Quijas desfila el río Saja, el cual se evidencia en el barrio de Agüera, y que luego vuelve a pasar por sus dominios en la zona de Santa Isabel, todo ello bastante más por debajo de  donde se localiza el núcleo de la población principal, lo que se conoce como el Alto de Quijas. La presencia en este lugar de restos humanos es muy antigua y los yacimientos de estas existencias son muy comunes en sus cuevas de Santa Isabel,  de La Lora o de la Clotilde. De tiempos mas tardíos son los hallazgos en el lugar denominado Cuevalínea,  cerca del caserío Vizcorro, en un eucaliptal próximo, en donde aparecieron tumbas de lajas con restos humanos en su interior.

La etimología del pueblo de Quijas tiene dos vertientes como suele ocurrir en todas las palabras toponímicas con cierto abolengo. Una de estas versiones sobre su origen, también como suele ser menester, nos la darán sesudos investigadores e historiadores, diseccionando el vocablo. Otro, con bastante menos fundamento pero, de forma proporcional, mucho más novelesco y gracioso, nos lo darán las gentes del lugar, deseosas de indagar por su cuenta en sus cosas del pasado. Una y otra expondremos. La primera de ellas se refiere a Quixas como una corrupción de la palabra regional montañesa que aludía a “escajos”, vegetal que al parecer abundaba en la zona. La segunda de las interpretaciones nos habla del espíritu quejoso y  de protesta que los habitantes del pueblo poseían. Por lo visto, todo les parecía mal y por todo se molestaban, por lo que al principios del medioevo, cierto amo que tenía por señorío el lugar, concluyó que el pueblo bien pudiera llamarse “Quexas” (quejas), por las reclamaciones que constantemente recibía de sus villanos. Sea como fuere, con ese nombre se quedó.


* Torre medieval de los Bustamante, sita en el barrio de Vinueva, muy cerca de la ermita del Buen Suceso. 


Posiblemente, en tiempos antiguos los barrios importantes eran Quijas y Miravalles. Hoy los barriadas substanciales, prescindiendo del núcleo fundamental de casas que se encuentran alrededor del mismo Alto de Quijas como ya hemos mencionado, se pueden localizar con los nombres de Vinueva, El Burco,  la ya aludida Agüera o el bello paraje de Santa Isabel, con su torre medieval de carácter defensivo de los Bustamante, del siglo XIV, enmarcado dentro de la casa de los del mismo linaje y marqueses de Villatorre, capilla de San Bartolomé del siglo XVIII y molino de gran tradición a la vera del Saja. Otros monumentos de relevancia en el pueblo, adscritos al mismo linaje de los Bustamante, son la torre medieval de Vinueva, de comienzos del siglo XV, la casa solariega de los González, del siglo XVI,  la de los Gómez Bustamante, situada en el mismo Alto de Quijas, con capilla de San Roque incluida en la construcción, junto a la carretera nacional, al lado de la de los Díaz Gómez.

Su iglesia parroquial está bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y data del siglo XVII, destacando en ella su imponente torre campanario de planta cuadrada y, ya en su interior, su hermosísimo retablo mayor, barroco, de principios del siglo XVIII. Pero no es esta la que nos va a ocupar en nuestra historia, sino la pequeña ermita de la Consolación o del Buen Suceso, sita en el barrio de Vinueva, junto a la torre de los Bustamante antes descrita.

Al lado de la carretera general, a la vera de una pronunciada curva, nos toparemos con esta célebre construcción. Se trata de un pequeño templo, con portalada en piedra de sillería,  y sobre esta,  campanario  en arco de medio punto, otro igual pero más pequeño dentro de frontón triangular que remata en su cúspide por cruz de piedra. Su planta presenta ábside cuadrado con contrafuertes en los ángulos y cubierta a cuatro aguas. El presbiterio va con bóveda de combados.


* Ermita del “Buen Suceso”, escenario de la curiosa historia que nos ocupa.


El singular apodo del “Buen Suceso” fue debido a un hecho que maravilló al pueblo entero de Quijas y su comarca, allá por el año 1808.  El protagonista de tal historia fue un tal Dimas, personaje con aureola por todos conocida de ladrón. Y por esta ocupación suya, la de manilargo, planeó asaltar la casa de unos señores del lugar. Tal mansión era la de don Juan Díaz de Aguayo, indiano en Perú y Panamá, donde se había forjado una no despreciable fortuna. Ya vuelto a su tierruca, viviendo de rentas, gustaba mucho de salir de cacería, por lo que dejaba en muchas ocasiones a su mujer, doña Rosa Meninde, de dueña del hogar, sola en la casona solariega de Quijas.

En una de estas ocasiones de ausencia del señor de la casa, habiendo marchado al monte Mozagro a cazar el oso,  el amigo de lo ajeno Dimas supo de tal circunstancia.  De esta manera, con la ayuda de la penumbra nocturna, se dirigió sigiloso hacia la casa de los Díaz. Llegado allí, junto al umbral de la vivienda, introdujo la mano por un agujero que con función de gatera en tal portón figuraba. Pero doña Rosa Meninde, habiendo escuchado ruidos extraños que la habían puesto  en guardia, habíase levantado de su lecho, agarrado un hacha y dirigiéndose a la entrada de su casa, aguardaba al ladrón. Cuando vio una mano alargándose en busca del cerrojo interior, la valiente doña Rosa no dudo en asestar un enérgico golpe de hachuela contra el mencionado miembro. De esta manera le cortó la mano al desdichado Dimas.


El aullido de dolor del robador se escucho por todo el pueblo. Doña Rosa, al ver la atrocidad que había cometido con el pobre Dimas, se disgustó mucho. Tal fue así que ella misma se ofreció a curarle, pero este, loco por el dolor, solamente acertó a salir huyendo campiña abajo, hasta llegar al lugar de la ermita de la Consolación de Vinueva, en la cual se albergó.

Una vez dentro, lamentándose, muerto por el dolor que le producía su reciente amputación traumática, se postró frente a la Virgen llorando amargamente y demostrando gran arrepentimiento ante la imagen que allí se veneraba. De pronto, sigue contando la leyenda, Dimas fue testigo de un milagro. Justamente en ese momento y sin duda por el sufrimiento y el sentimiento de pesar del maleante, la Virgen había llorado

Momentos después y habiéndose enterado todo el pueblo, el revuelo era mayúsculo. Al parecer, las evidencias eran claras y en las mejillas de la Virgen se podían apreciar humedades, semejantes a lágrimas. Días más tarde, enterándose el Obispado del singular hecho por mediación del párroco del lugar,  mandó formar un comisionado para indagar a las personas relacionadas con la historia y escuchar sus versiones. La dicha comisión informó al señor obispo sobre la verosimilitud del milagro y  de su carácter sobrenatural.

El arrepentido ladrón, después de lo que le sucedió, prometió ante todos limpiar sus pecados. Cuentan que a raíz de aquel extraño acontecimiento llevó una vida ejemplar, casi de santo. La misma señora doña Rosa Meninde, la que iba a ser la última víctima de las maldades de Dimas,  viendo el buen corazón que demostraba ahora el antes ladrón y aún un tanto conmovida por su acción de cortarle el brazo, le dio trabajo como pastor de sus rebaños, por lo que ya nunca pasó necesidad ni tuvo que robar al prójimo para subsistir, cuidando siempre la señora de su criado con gran aprecio.

Por esta razón, la ermita de la Consolación del barrio de Vinueva, es conocida con el sobrenombre de “El Buen Suceso”…  ¿Leyenda o realidad?